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sábado, 20 de julio de 2013

People.




Casi desde siempre me ha gustado observar a la gente, observar cómo se comportan. Imagino las historias que esconden tras ese silencio de los viajes de autobús. Tal vez el hombre de ceño fruncido de la primera fila solo tenga un mal día. Tal vez por eso se haya puesto su traje más oscuro. Tal vez sea porque son las 8 de la mañana de un lunes. Y la chica de los cascos que sonríe mirando por la ventanilla tal vez haya tropezado sin querer con una canción que le trae viejos recuerdos. Y tal vez haya visto pasar por esa ventana el lugar donde esos recuerdos nacieron. A lo mejor la mujer del vestido amarillo que  comenta acalorada por teléfono lo mal que va el país en realidad quisiera hablar de otra crisis, la suya propia. Pero puede que tenga miedo de no ser entendida; tal vez porque ni ella misma ha logrado entenderse aún.

Y al abrirse las puertas del autobús, entran nuevas historias en él, mientras el chico de la sudadera azul se da cuenta de que se ha pasado de parada. Aunque tal vez eso no sea tan malo: una chica morena le saluda sonriente aún con su ticket en la mano. Y dos asientos más atrás estoy yo, observando como se entrelazan sus vidas unas con otras, como las coincidencias desencadenan eso que llamamos "vida". Porque tal vez yo sea un poco como todos ellos; tal vez todos lo seamos.

Tal vez por eso me gustan tanto los viajes en autobús: porque en ellos me encuentro a mí misma a través de los demás. Y eso puede alegrarte la mañana de un lunes.



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