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martes, 30 de agosto de 2011

I'll wait forever.


Ella esperaba sentada en aquel banco escuchando esa canción
Su reloj marcaba menos cinco una vez más. Le gustaba estar ahí antes de tiempo para verle llegar. Sabía de sobra que no llegaría hasta y cinco. Lo sabía y le daba igual. Lo único que importaba es que llegara y siempre lo hacía.
El minutero del reloj parece avanzar cada vez más despacio. La canción ha terminado. Un niño pasa por delante suyo y ella se lo queda mirando. Que lejos parecen ahora sus días de juegos... Sigue con la vista al pequeño, que corre por la calle sin preocupaciones. Y lo vé. Algo se enciende en su interior. Se pone nerviosa. Aún le pone nerviosa. Se han visto cientos de veces, miles tal vez. Pero aún así no puede controlar lo que siente al verle. Lo mismo que sintió la primera vez, cuando él se sentó muy cerca suyo en aquel autobús. Lo mismo que la volvió loca cuando sus miradas se cruzaron. Cada vez está más cerca. Su corazón va a 1000 por hora.


- Lo siento, llego tarde...
"No importa", le gustaría decirle, "Nada importa ahora que estás aquí y que tu sonrisa provoca la mia. Podría esperar toda la Eternidad a que llegaras" Pero no le salen las palabras. Le parece que cualquier cosa que dijera sería poco. Que no estaría a la altura. Por eso tan solo sonríe y se acerca él con la esperanza de que no se aleje nunca, de que su historia nunca parezca estar tan lejos como ahora lo parecen sus días de juegos.

sábado, 27 de agosto de 2011

Invisible.


Siempre fui de esas que se esconden y observan lo que les rodea.
Siempre pensé que así era más fácil, intentando ser invisible, ser la sombra de los demás.
Y que nadie te pregunte, que nadie te conozca, que nadie quiera saber.
Me dedicaba a observar y preguntarme ¿por qué?
Pero eso cambió. Yo cambié. Todos cambiamos.
En algún momento decidí que ya estaba bien de hacer preguntas sin buscar respuestas.
Que prefería que otros preguntaran y yo decidiera si responder o no.
Que sí, que lo sé, que no se me da bien decidir.
Pero basta, ¿qué importa? Yo sé lo que de verdad importa:

VIVIR

Y tratar de ser feliz, pero eso ya es más complicado.
Aunque se consigue, de eso no cabe duda.

jueves, 25 de agosto de 2011

Crazy in love.


Hacía tiempo que no lloraba y no lo echaba de menos, pero ayer algo hizo "clic" y me puse a llorar. 
A llorar de felicidad. Porque me he dado cuenta de que por fin las piezas del puzzle encajan a la perfección. Algunas sobran, y las he dejado olvidadas en un rincón, tal vez un día me arrepienta pero hoy no. La parte importante del rompecabezas está perfectamene pegada. Y no se romperá nunca, no pienso dejar que eso ocurra. Esas piezas son mi motor: ellos que siempre están a mi lado y me apoyan, y entienden, y Él, a quien no puedo describir porque no existen palabras que definan cómo me hace sentir, hasta qué punto le quiero y todo lo que le debo. Porque gracias a Él y a ellos, sigo adelante y soy feliz. Cada uno a su manera me hacen sentir bien. Ellos; apoyándome siempre y Él, que haga lo que haga me hace sonreir, me ayuda a levantarme y consigue que mis únicas lágrimas sean de felicidad.

¡Gracias por existir!